GUÍA DE PAMPLONA

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MADEMOISELLE AGUSTINI

Espectáculo Plaza del CastilloA pocas personas les dirá algo el sugerente nombre artístico de Mademoiselle Agustini, y menos aún el de Remigia Echarren, pero sin duda merece la pena contar y conocer la historia de esta pamplonesa, nacida en 1853 en la Navarrería, quien se convertiría en la más célebre funambulista de su época.

Remigia salta a la fama el 12 de julio de 1882, cuando en plenos sanfermines cruzó la plaza de toros sobre un alambre. Actuaba con la compañía de acróbatas y gimnastas Teresy y Velázquez, y la prensa destacó que “la funámbula señorita Agustini demostró gran arrojo y mucho aplomo”, siendo Pío Baroja uno de los entusiastas espectadores.

Al año siguiente cruzó el río Arga y cobró 500 pesetas del Ayuntamiento. Las crónicas cuentan que se dirigió al lugar en carreta descubierta, precedida de banda de música y aclamada por la multitud, mientras miles de personas salían por el Portal de Tejería para asistir a su espectáculo. Era una auténtica estrella. Tardó tres minutos, entre un silencio sepulcral y a diez de metros de altura, en cruzar el río desde el Molino de Caparroso hasta la otra orilla. La vuelta la realizó con los pies metidos en unos canastillos. Repitió recorrido con los ojos vendados y la cabeza cubierta con un saco de tela. La apoteosis fue total. “En este día memorable fue proclamada reina del Arga la intrépida pamplonesa Remigia Echarren, conocida en el mundo circense por el alias de Madmoiselle Agustini”, escribió Ignacio Baleztena.

Membrete RemigiaEn 1884, de nuevo en sanfermines, cruzó cuatro veces la plaza del Castillo, con los ojos cerrados, de noche y ejecutando piruetas. Su fama se extendió y junto a la Compañía Acrobática Vasco-Navarra multiplicó sus actuaciones por toda España.

La desgracia llegó en 1892, actuaba en Ondarroa y se cayó de quince metros de altura cuando ejecutaba un ejercicio sentada en una silla sobre la maroma. A partir de entonces este cuento deja de ser feliz, la fama se difuminó y los ahorros de los tiempos de gloria desaparecieron. Retornó de forma esporádica, pero ya no era la misma, ni mucho menos lo fue el éxito de antaño.

Malvivió hasta su muerte en 1921, fue maltratada  y timada por su pareja, un tal Ciordia, quien acabó en la cárcel por estafa (fue sorprendido confesando en Pamplona, realizando una colecta vestido de Obispo en Extremadura y oficiando misa en Biarritz). Remigia subsistió vendiendo lotería y un periódico la describe en sus últimos años como “estrepitosamente teñida de rubia”, menudo cabrón de redactor.

Hoy una calle de la Txantrea honra y lleva su nombre. Nos sirve para recordar que de las 600 calles de Pamplona apenas 60 están dedicadas a mujeres (debe ser que las mujeres son el 10% de la población). Si pasan por la Calle Remigia Echarren acuérdense de tan valiente mujer y de los equilibrios que hubo de realizar en la vida, sobre el alambre y debajo del mismo.

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Esta entrada fue publicada el 24/09/2015 por en CURIOSIDADES.

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