GUÍA DE PAMPLONA

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SAN NICOLÁS: DIRECTO AL PALADAR.

Potear e ir de pintxos ha adquirido la condición de tradición cultural en la vida social de Pamplona. En los últimos años se ha enriquecido con la más alta gastronomía presente en barras repletas, que son testigos del ir y venir de cuadrillas y familias.

El poteo es sin duda uno de los deportes preferidos del fin de semana (urge reivindicar en change.org que se considere disciplina olímpica). Pero incluso el calendario se ha visto alterado al agregarse el jueves como un día más para alternar y degustar, pues la oferta de pintxo con vino o zurito (media caña) denominada juevintxo, se ha convertido en un éxito.

La plaza del Castillo es la sala de estar de la vieja Iruña y sus múltiples terrazas configuran el espacio ideal donde sentarse a charlar, o bien el lugar perfecto para ver y ser vistos. Allí os aconsejamos dos paradas y fondas con sus menús del día: el histórico Café Iruña (Plaza del Castillo 44), inaugurado en 1888 y favorito de Ernest Hemingway, y el Bar Baviera (Plaza del Castillo 10), con una variada carta de platos de cocina tradicional navarra.

En la calle San Nicolás antes o después será preciso colocar los primeros semáforos del mundo para ordenar el tráfico de peatones con vino en la mano, pues es tal la concentración de gente que apenas se puede pasar por ella. Alberga veintiún bares en apenas 190 metros de calle, lo que nos da un bar cada 9,04 metros. Seguro que muchos y
muchas recordaréis que Joaquín Sabina cantaba “solo en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega”, y dicha calle presume de ser la que más bares tiene de España, pero que conste que tiene 35 bares en 325 metros de longitud, es decir un bar cada 9,28 metros. Así que plusmarca para San Nicolás.

Resulta complicado elegir entre tanta abundancia, pero os sugerimos el Otano (San Nicolás, 5), donde podréis encontrar tradición y gastronomía navarra clásica. La Mandarra de la Ramos (San Nicolás, 9), siempre lleno de gente, con una barra generosa de pintxos y una apetecible carta de raciones, bocadillos y “tostadicas”. En la escondida calleja aledaña está el Catachú (Lindachiquía, 16), de ambiente joven y carta desenfadada con una buena propuesta para el menú diario (11,80€). Mapa San Nicolás

El Katuzarra (San Nicolás, 34) es un asador de llamativo interiorismo, barra repleta y costillares colgando. Una estupenda elección puede ser un chuletón compartido entre varias personas y degustado en la misma barra. Y como nos encantan las historias, vamos a contar la elección del nombre del local: katuzarra significa en euskera gato viejo, y como cuenta su dueño, Jorge, la anécdota se remonta a hace años, cuando él y Débora, su actual mujer y por entonces novia, trabajaban en otro bar. Allí apareció Jose Mary, un amigo suyo, que al ver a ambos de novios y apreciar la diferencia de edad entre él y ella (trece años), exclamó: “Katuzarra, sagutxo gaztea”, pero Jorge no hablaba euskera así que le exigió explicaciones amenazando con un mandoble. Resultó que se trata de un dicho vasco que podemos traducir por “Gato viejo, ratoncita joven”. Les hizo tanta gracia que juraron que si abrían un bar le pondrían ese nombre.

Sarasate (San Nicolás 19). Sarasate. Presume de ser uno de los primeros restaurantes vegetarianos de España, ya que desde 1979 promociona una comida saludable. Para elegir su nombre no hizo falta ninguna tormenta de ideas: allí mismo nació el violinista y compositor Pablo Sarasate.

Picnic. Este pequeño local representa a la perfección el tipo de bar que ha hecho de la informalidad un sinónimo de éxito. Los arquitectos Khale y Arauzo firman un cálido diseño interior, limpio, con pocos materiales y fuerte presencia del roble, donde las texturas naturales adquieren protagonismo. Un concepto que tiene continuidad en la cocina: pocas propuestas y sencillas, pero muy bien elaboradas. Destacan las tortillas, sean de patatas o de bacalao que salen constantemente de la cocina y se presentan gruesas, con porciones generosas de multicapas de patata confitada y jugosamente bañadas por la emulsión de huevo. Lugar concurrido donde toca apretarse. Por favor, pasen al fondo.

Anttonenea (San Antón 48). El sello de esta casa es la elaboración de recetas evolucionadas con productos tradicionales de calidad. Buena parrilla y amable servicio. Les gusta su trabajo y se nota.

Napargar (Plaza del Castillo 32). Se ubica en pleno salón de estar de la ciudad, y dispone de nada menos que veinte grifos, por donde desfilan marcas nacionales y extranjeras. Una pantalla va describiendo los productos y facilita la elección. La oferta se amplía con una inmensa variedad de cervezas embotelladas y comida de rápida elaboración. Para lupoadictos.

Bearán (San Nicolás 25). El Bar del hostal Bearán ofrece buenos aperitivos para acompañar a los pintxos de la casa. La carta tiene pocas  referencias, pero el gusto y cuidado en la preparación, así como el magnífico servicio permiten disfrutar de un vermú reseñable.

Ona (San Gregorio 22). Es famoso por sus gambas al ajillo, receta que ha permanecido invariable durante décadas, pero cabe destacar también sus tradicionales bocadillos, generosos y de calidad. Un clásico de Pamplona.

Café Roch. Este café centenario, inaugurado en 1898, ha sabido conservar el aire bohemio del local y el carácter popular de sus comienzos. En los años setenta se empezaron a elaborar los fritos que siguen atrayendo décadas después a distintas generaciones de locales y foráneos. La receta es secreta. Los de pimiento y roquefort son una institución que consiguen llenar el bar y sus aledaños. Es el lugar perfecto para quedar y empezar una ruta gastronómica por la zona.

Baserriberri (San Nicolás 32). Iñaki Andradas impone su personalidad y particular filosofía culinaria a este renovado local. La fusión y mezcla de sus experiencias viajeras por Tailandia y Perú, así como una técnica depurada gracias a su paso por Arzak o Zuberoa, dan lugar a propuestas divertidas y originales, muchas veces arriesgadas, pero ricas, complejas y bien elaboradas. Los pinchos siguen la misma estela, son un divertimento. Buenos ceviches y vermú propio del chef. Una visita imprescindible para gastroenteraos.

El Río. Los Robers han puesto al día este bar cuya historia discurre junto al frito de huevo que lo hizo famoso. Más de 50 años preparando uno de los fritos más conocidos y populares de Pamplona. Poco ha necesitado evolucionar esta receta, si no fuera por el invento de una máquina que ayuda en el proceso de elaboración para satisfacer la enorme demanda que se puede seguir con un marcador colocado en la barra. La fórmula es sencilla: un tercio de huevo bañado en una bechamel delicada y suave envuelta en una dorada y ligera tempura. Este bar cuida el vermú y también ofrece otros pinchos, platos y bocadillos, aunque no sean tan conocidos. Para cuentahuevos.

Junto al Palacio de los condes de Guendulain se encuentra el 7 del siete (Zapatería 53), cuya barra ofrece pintxos clásicos y de autor. En la primera planta su restaurante bien elaborado y buena relación calidad-precio. Cuenta además con una agradable y tranquila terraza en la recoleta plaza del Consejo, junto a la fuente de Neptuno Niño.

Contenidos completos y muchísimo más en Guía (molona) de Pamplona.

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